Raúl Zurita

BIOGRAFÍA

Raúl Armando Zurita Canessa nació en Santiago de Chile, el 10 de enero de 1950. Estudió en el Liceo Lastarria y en la Universidad Técnica Federico Santa María de Valparaíso, graduándose en Ingeniería Civil en Estructuras. Debido a su ideología comunista, Zurita fue represaliado durante la dictadura de Pinochet. Tras ser puesto en libertad, Zurita comenzó una carrera más enfocada a la performance y al trabajo artístico visual. Profesor visitante en las universidades Tufts, California, Harvard; ejerciendo actualmente la docencia en la Universidad Diego Portales tras pasar por una breve carrera política, ya alejado de sus posturas comunistas.

En 1979 publicó su primer libro, Purgatorio. Formó parte del grupo CADA (Colectivo de Acciones de Arte). En 1982 salió Anteparaíso. Su obra ha estado marcada por las acciones artísticas. En 1994 terminó la trilogía con La vida nueva (1994).

En 1990 fue nombrado agregado cultural en Roma. En 2007, aparecieron Los países muertos y Las ciudades de agua. En el año 2000 recibió el Premio Nacional de Literatura de Chile. En 2015 fue nombrado Doctor honoris causa por la Universidad de Alicante, y por la Universidad Técnica Federico Santa María. En 2016 ganó el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda.

SUS POEMAS

Y TÚ ¿ME PREGUNTASTE?
(De La vida nueva)

Mis brazos y mis piernas están rojos con mi
sangre y las quemaduras cruzan mi piel, pero
a
ti por caso ¿se te ocurrió preguntarme si
sufría?
Mis hijos están desaparecidos y mis restos
son
pasto de aves carroñeras y fieras Tú que lo
sabes Zurita ¿te dije alguna vez que sufría?
Mis pezones eran sólo pus y sangre y la leche
reseca ulceró mis pechos Fui encontrada
entre
dos ríos Zurita: ¿alcancé a decirte que sufría?

Y TÚ ¿ME PREGUNTASTE?

CANTO A SU AMOR DESAPARECIDO

Ahora Zurita —me largó— ya que de puro verso y desgarro te pudiste
entrar aquí, en nuestras pesadillas; ¿tú puedes decirme dónde está mi
hijo?

—A la Paisa
—A las Madres de la Plaza de Mayo
—A la Agrupación de Familiares de los que no aparecen
—A todos los tortura, palomos del amor, países chilenos y asesinos:

Canté, canté de amor, con la cara toda bañada canté de amor y los
muchachos me sonrieron. Más fuerte canté, la pasión puse, el sueño,
la lágrima. Canté la canción de los viejos galpones de concreto. Unos
sobre otros decenas de nichos los llenaban. En cada uno hay un país,
son como niños, están muertos. Todos yacen allí, países negros, áfrica
y sudacas. Yo les canté así de amor la pena a los países. Miles de cruces
llenaban hasta el fin el campo. Entera su enamorada canté así. Canté el
amor:

                                                            Fue el tormento, los golpes y en pedazos
                                                            nos rompimos. Yo alcancé a oírte pero la
                                                            luz se iba.
                                                            Te busqué entre los destrozados,
                                                            hablé contigo. Tus restos me miraron y yo
                                                            te abracé. Todo acabó.
                                                            No queda nada. Pero muerta te amo y nos
                                                            amamos, aunque esto nadie pueda enten-
                                                            derlo.

—Sí, sí miles de cruces llenaban hasta el fin el campo.
—Llegué desde los sitios más lejanos, con toneladas de cerveza
—adentro y ganas de desaguar.
—Así llegué a los viejos galpones de concreto.
—De cerca eran cuarteles rectangulares, con sus vidrios rotos y olor
—a pichí, semen, sangre y moco hendían.
—Vi gente desgreñada, hombres picoteados de viruela y miles de
—cruces en la nevera, oh sí, oh sí.
—Moviendo las piernas a todos esos podridos tíos invoqué.
—Todo se había borrado menos los malditos galpones.
—Rey un perverso de la cintura quiso lomarme, pero aymara el
—número de mi guardián puse sobre el pasto y huyó.
—Después me vendaron la vista. Vi a la virgen, vi a Jesús, vi a mi
—madre despellejándome a golpes.
—En la oscuridad te busqué, pero nada pueden ver los chicos lindos
—bajo la venda de los ojos.
—Yo vi a la virgen, a Satán y al señor K.
—Todo estaba seco frente a los nichos de concreto.
—El teniente dijo “vamos”, pero yo busco y lloré por mi muchacho.
—Ay amor
—Maldición, dijo el teniente, vamos a colorear un poco.
—Murió mi chica, murió mi chico, desaparecieron todos.

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CANTO A SU AMOR DESAPARECIDO